"los políticos corren detrás de los periodistas en campaña electoral y delante cuando gobiernan".
Se lo preguntó Sánchez a Évole, ese periodistazo, en el penúltimo bolo de su gira televisiva: «¿Qué es mentir?». El presidente se contestó al espejo con delectación: «Mentir es decir deliberadamente algo que sabes que no es cierto, lo que yo he hecho es cambiar de posición». Vayamos a las cinco acepciones del diccionario. Primera: «Decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa». Esta no encaja con la definición presidencial. Segunda: «Inducir a error. Mentir a alguien los indicios, las esperanzas». Esta tampoco. Tercera: «Fingir, aparentar». Esta menos. Cuarta: «Falsificar algo». No le vale. Y quinta: «Faltar a lo prometido, quebrantar un pacto». La definición sanchista no está aceptada por ahora, a ver si los señores académicos le prestan un poco de atención, aunque el diccionario sí le tiene a él bien retratado. De momento se presenta como un centauro ante las cámaras, el cuerpo es el Dédalo de Creta y la cabeza el Gorgias de Platón. A base de retórica intenta tejerse unas alas con las que huir de su laberinto. Es como esa curiosa defensoría de los lectores que considera que los de Vox son ultras pero los de Podemos no porque, esto es textual, «el término ultra es apócope de ultranacionalista». Quien pueda que empate eso. El prefijo latino ha muerto. Es de ultratumba. Un ultraje ultravioleta a toda ultranza en la ultramar de la ideología. Según este reduccionismo léxico, Sánchez se ha salvado de ser un ultramentiroso.
La gira no está dando mucho más de sí. Mientras Feijóo se aclara con Vox –lo que me dice Valencia me lo desmiente Extremadura– y Yolanda susurra suave en sus mítines con el fin de construirle al PSOE un colchón de plumas a su izquierda, Sánchez trata de convencerse a sí mismo en los platós de que no escribe sus promesas electorales en el agua. Pero cada palabra suya cae como una hojilla, bamboleándose en la nada, al suelo del cinismo. Todo tiene un límite. Llega un momento en que las cosas ya no cuelan. Sobre todo si quien te tiene que sacar del naufragio es Zapatero.
El presidente dice que no ha concedido durante sus cinco años de gobierno ninguna entrevista a medios «conservadores» porque estaba trabajando. Esa pregunta no se la había preparado. Aunque si se le deja hablar suele acabar culpando de su decadencia a una conspiración mediática. Él, que tanto habla de trumpismo. Ahora, en cambio, va por los estudios de televisión y radio suplicando un rato de 'prime time' para consagrar la máxima de que los políticos corren detrás de los periodistas en campaña electoral y delante cuando gobiernan. Qué lejos quedan ya aquellos ataques a la prensa en el Senado. Terminales mediáticas, nos llamaba. Pero qué es mentir. Según Bergamín, el toreo no es engañar, sino desengañar al toro. Y a lo mejor esta definición es la más exacta de todas para explicar el sanchismo. En su gira folclórica, el presidente está retorciendo tanto sus argumentos que, salvo que Feijóo siga dando bandazos, va a conseguir por fin desengañar a España.
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https://www.abc.es/opinion/alberto-garcia-reyes-gira-presidente-20230628210505-nt.html
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