Noori Almassudin apenas recuerda un momento de felicidad en Kabul. Tras más de un año como traductor para las tropas de EEUU, tres cartas con amenazas de muerte de los talibanes y su retención e interrogatorio le hicieron ver que, si quería sobrevivir, debía huir. Ahora, en París, espera empezar una vida nueva. «Francia es perfecta, aunque durmamos en la calle», dice.
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